Por Mariano Tomatis
Para LA NACION
Sábado 17 de octubre de 2009
Estamos asistiendo a una de las mayores transformaciones a nivel demográfico en la historia de la humanidad: millones de personas están abandonando la vida rural y se están concentrando en las grandes ciudades para incorporarse como mano de obra en la creciente plataforma industrial que se ha constituido en China.
Los especialistas anticipan que este ciclo migratorio hacia las grandes ciudades que se ha venido produciendo en estos últimos años en China, India y en la mayoría de los países del sudeste asiático continuará profundizándose y probablemente en África se produzca un fenómeno de naturaleza similar.
Esto significa que habrá una mayor demanda global de alimentos en el futuro a raíz del crecimiento esperado de la población mundial y, esencialmente, a partir de la mejora en la calidad de la alimentación por parte de vastos sectores de la población mundial, que se están incorporando al mercado de consumo.
Son numerosos los estudios internacionales de organismos especializados que anticipan que la Argentina está entre aquellos países que deberán inexorablemente incrementar su producción para satisfacer la mayor demanda de proteína vegetal y animal para alimentar a un mundo que requerirá cada vez de mayor cantidad de alimentos.
El mundo espera que nuestro país asuma este desafío.
Tenemos un lugar de privilegio entonces para abastecer esta mayor demanda global a partir de las inocultables ventajas competitivas que tiene el sector agropecuario argentino a partir de una tierra, que sin dudas ha sido bendecida por Dios, pero que también ha recibido el trabajo abnegado de distintas generaciones de productores agropecuarios que han sabido innovar, adoptar nuevas tecnologías y ser pioneros en el desarrollo de una verdadera cultura del “conocimiento compartido”.
Las ventajas comparativas existen y subsistirán a la actual administración:
- Condiciones climáticas favorables (temperatura adecuada y buen nivel de precipitaciones en ciclos normales), que permiten una “doble cosecha” en las zonas mas productivas del país.
- Muy buena calidad de suelos que requieren un uso menos intensivo de fertilizantes.
- Concentración de la producción agropecuaria en cercanía de los puertos.
- Ríos navegables de aguas profundas que permiten una rápida salida al mar de buques de gran calado.
La creciente demanda global por alimentos es una tendencia de largo plazo y no hay elementos a la vista que permitan prever que pudiera revertirse en el horizonte cercano.
Tampoco parece factible la aparición de nuevos “proveedores globales de alimentos”, dada la ya conocida escasez de tierra disponible para la incorporación de nuevas tierras cultivables en el mundo.
Por lo tanto, es indispensable que nuestro país asuma el rol protagónico que le cabe en la producción mundial de alimentos. Sería importante que nuestros líderes compartan esta visión y comprendan que si sabemos capitalizar esta oportunidad no solo se beneficiarán los productores agropecuarios sino todo el conjunto de la sociedad.
En el logro de este objetivo deberemos medir el éxito de la política agropecuaria.
© LA NACION
El autor es socio líder de la práctica de Agribusiness de PricewaterhouseCoopers




